El coche parado cuesta tiempo, y el tiempo se ha convertido en uno de los bienes más valiosos para la mayoría de los conductores.
Pocas cosas alteran tanto la rutina diaria como quedarse sin coche. Trabajo, familia, desplazamientos o compromisos cotidianos hacen que recuperar la movilidad cuanto antes se haya convertido en una prioridad para muchos conductores.
La calidad de la reparación sigue siendo fundamental, pero cada vez son más los clientes que también valoran la rapidez en las respuestas, la información sobre el estado del vehículo o la capacidad de cumplir los plazos previstos.
En una sociedad donde el tiempo se ha convertido en uno de los bienes más valiosos, esa forma de entender la posventa también está cambiando.
El tiempo gana peso en la relación con el cliente
No siempre es posible acortar una reparación. La disponibilidad del recambio, la carga de trabajo o la propia complejidad de los vehículos actuales hacen que los plazos dependan de muchos factores.
Sin embargo, la percepción del cliente no está determinada únicamente por el día en que recoge el coche. También influyen otros aspectos como la facilidad para concertar una cita, la rapidez con la que recibe un presupuesto o la información que obtiene durante el proceso.
La gestión del tiempo ha pasado a formar parte de la experiencia que el conductor tiene con el taller. Y eso explica por qué la comunicación y la capacidad de respuesta adquieren cada vez más importancia.
La rapidez no consiste en hacer las cosas deprisa
La presión por reducir tiempos no significa que las reparaciones deban realizarse más rápido a cualquier precio. Los procedimientos, la calidad y la seguridad siguen marcando el ritmo de muchas intervenciones, especialmente en vehículos cada vez más complejos.
Pero la rapidez también puede expresarse de otras formas. Una llamada a tiempo, una fecha de entrega realista o mantener informado al cliente ayudan a reducir la incertidumbre y mejoran la percepción del servicio. En ocasiones, el conductor no espera que el coche esté listo antes. Lo que necesita es saber cuándo estará listo.
Porque el tiempo se ha convertido en un bien cada vez más escaso. Y cuando el coche entra en el taller, esa sensación suele hacerse todavía más evidente.
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