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Los nuevos sistemas ADAS obligatorios marcan el futuro de los talleres

La nueva normativa europea refuerza el papel de la diagnosis y la calibración en la reparación del automóvil.

Desde este mes de julio entra en vigor una nueva fase de la normativa europea sobre seguridad de los vehículos, que amplía la implantación de nuevos sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS). El objetivo es seguir reduciendo la siniestralidad en carretera, pero esta evolución tecnológica también tendrá un impacto directo en el trabajo diario de los talleres.

Los nuevos vehículos incorporarán cada vez más cámaras, radares y sensores encargados de asistir al conductor en situaciones de riesgo. Sistemas como el control inteligente de velocidad, la frenada automática de emergencia, la detección de distracciones, el mantenimiento de carril o la supervisión del entorno del vehículo dejarán de ser elementos reservados a determinados modelos para extenderse progresivamente al conjunto del mercado.

Aunque estos cambios afectarán primero a los vehículos de nueva homologación y, posteriormente, al parque automovilístico conforme se renueve, la dirección que sigue la industria resulta evidente: el automóvil incorpora cada vez más tecnología y eso obliga a adaptar también los procesos de reparación.

Más tecnología implica nuevas responsabilidades para el taller

La presencia de sistemas ADAS modifica la forma de intervenir sobre muchos vehículos. Una operación aparentemente sencilla, como la sustitución de un parabrisas, una reparación de chapa o determinados trabajos sobre la suspensión o la dirección, puede requerir posteriormente la calibración de cámaras y radares para garantizar que los asistentes a la conducción continúan funcionando conforme a las especificaciones del fabricante.

Esta realidad incrementa la importancia de disponer de equipos de diagnosis actualizados, herramientas específicas y personal formado. Reparar ya no consiste únicamente en sustituir un componente, también implica verificar que todos los sistemas electrónicos mantienen su funcionamiento y que el vehículo conserva los niveles de seguridad previstos durante su diseño.

La creciente complejidad tecnológica también hace más necesario el acceso a la información técnica y a los procedimientos de reparación definidos por cada fabricante. La diagnosis, el software y la calibración forman ya parte del trabajo cotidiano de muchos talleres y todo indica que su protagonismo seguirá creciendo a medida que los nuevos vehículos lleguen al mercado.

La entrada en vigor de esta nueva fase de la normativa europea no transformará de un día para otro el trabajo de todos los talleres, pero sí confirma la dirección que seguirá el sector durante los próximos años. Conforme aumente la presencia de vehículos equipados con estos sistemas, la capacidad para diagnosticar, calibrar y verificar correctamente los ADAS dejará de ser un servicio diferencial para convertirse en una parte habitual del proceso de reparación.


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