La IA empieza a incorporarse a tareas como la atención al cliente, la gestión de citas, los presupuestos y el seguimiento de las reparaciones, liberando tiempo para otras funciones del taller.
La inteligencia artificial ya empieza a hacerse un hueco en el día a día de los talleres, especialmente en aquellas tareas que acompañan al proceso de reparación. Atender llamadas, gestionar citas, responder consultas, preparar información o mantener informado al cliente son algunas de las funciones en las que esta tecnología ya empieza a encontrar aplicaciones.
No significa que la IA vaya a sustituir al profesional que repara el vehículo. Su primera aplicación está siendo mucho más práctica: automatizar determinadas operaciones repetitivas y liberar tiempo del personal del taller.
La recepción es uno de los primeros puntos de entrada
Un taller puede recibir llamadas mientras sus profesionales están trabajando sobre los vehículos. Cuando no hay una persona disponible para atenderlas, una cita puede perderse o una consulta quedar pendiente hasta que alguien tenga tiempo de devolver la llamada.
La IA permite automatizar parte de este proceso. Puede recoger los datos del cliente y del vehículo, identificar el motivo de la consulta, gestionar determinadas citas y enviar información o recordatorios, sin necesidad de que una persona tenga que intervenir en cada paso.
Lo mismo ocurre con las comunicaciones posteriores. Avisar de que el vehículo ya está reparado, recordar una cita o responder determinadas preguntas habituales son tareas que pueden automatizarse cuando siguen unos patrones conocidos.
Para el taller, el interés no está tanto en incorporar una tecnología nueva como en evitar que tareas administrativas terminen ocupando el tiempo de quienes deberían estar dedicados a la reparación o a la gestión del taller.
Menos tiempo administrativo, más tiempo para el taller
La aplicación de la IA puede extenderse también a otras operaciones que forman parte del día a día. Preparar información para un presupuesto, organizar datos de una reparación, realizar determinados seguimientos o mantener actualizada la comunicación con el cliente son procesos en los que puede actuar como apoyo.
Esto puede ser especialmente relevante en talleres pequeños, donde una misma persona puede tener que atender el teléfono, recibir al cliente, gestionar una cita, consultar el estado de una reparación y, al mismo tiempo, resolver cuestiones técnicas. La IA puede asumir una parte de esas tareas, pero existe un límite importante, la decisión técnica sobre una avería, la reparación que debe realizarse y la responsabilidad sobre el trabajo siguen dependiendo del profesional.
Su llegada al taller no debería plantearse como una cuestión para sustituir personas, sino de determinar qué tareas consumen tiempo y pueden automatizarse sin perder el control del proceso ni la relación con el cliente.
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