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El taller ya no puede gestionarse como hace diez años

La tecnología, la falta de profesionales y reparaciones cada vez más complejas están obligando a los talleres a profesionalizar también su forma de gestionar el negocio.

Durante años, la gestión de muchos talleres ha girado alrededor de una figura muy concreta: el propietario que conoce el oficio, recibe al cliente, organiza los trabajos, pide los recambios y, cuando hace falta, también se pone el mono.

Ese modelo sigue existiendo, pero cada vez tiene más dificultades para responder a lo que exige el mercado. El taller ha cambiado y también lo ha hecho la forma de dirigirlo.

Una de las conclusiones de Posventa Iberia 2026, celebrado esta semana en Ávila, apunta precisamente en esa dirección. Fernando López, director general de GiPA, explicó cómo el taller tradicional está evolucionando hacia un modelo más orientado a los datos, los procesos y la profesionalización de la gestión. En España quedan actualmente 38.568 talleres, un 23,2% menos que en 2011.

Del papel y el teléfono a una gestión mucho más compleja

El cambio se aprecia incluso en las tareas más habituales. La antigua hoja de taller está dando paso a sistemas que permiten gestionar citas, presupuestos, facturación, stock y trazabilidad del vehículo. También empieza a ser más habitual medir indicadores que antes apenas se tenían en cuenta, como la productividad por operario, los márgenes o la rentabilidad de cada servicio.

La relación con el cliente también ha cambiado. Las reseñas en internet, la cita previa online o la comunicación mediante WhatsApp forman parte ya del día a día de muchos establecimientos. El cliente espera saber qué se va a reparar, cuánto le va a costar y cuándo tendrá disponible su vehículo.

Y mientras tanto, el propio trabajo del taller se ha complicado. Ya no siempre es posible resolver internamente todas las operaciones: calibraciones ADAS, sistemas de alta tensión o determinadas intervenciones de electrónica avanzada pueden requerir equipos, conocimientos o servicios externos especializados.

Esto obliga al propietario a tomar decisiones que hace unos años tenían mucho menos peso. Qué trabajos asumir, cuáles externalizar, qué equipamiento comprar, qué formación necesita la plantilla o qué procesos pueden hacerse de una manera más eficiente.

En el debate celebrado durante Posventa Iberia, Fernando Sotelo, gerente de Automoción Imola y delegado de Aprotalleres, resumió una de las principales dificultades: la profesionalidad técnica se da por supuesta, pero la gestión empresarial también necesita aprendizaje. Entre las cuestiones que señaló están medir la productividad, la eficiencia y la rentabilidad, además de avanzar en la digitalización de todo el proceso de reparación.


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